Por: Juliana Velásquez
Editora de la Revista 20/20 en Español y VyO
Juan Sebastián y Cristhian decidieron ir más allá de las aulas para demostrar que la optometría también puede transformar vidas. Una historia de vocación, solidaridad y sueños que apenas comienza.
Hay sueños que nacen en las aulas, pero encuentran su verdadero propósito cuando llegan a quienes más los necesitan. Para Juan Sebastián Gómez Naranjo y Cristhian Mauricio Aya Ruiz, estudiantes colombianos de optometría, ese propósito tomó forma en Pupilo, un proyecto que une divulgación científica, educación en salud visual y compromiso social.
Su filosofía se resume en una frase tan sencilla como significativa: “Un miope y un hipermétrope queriendo ver un mundo mejor, porque pupilo somos todos”.
Lo que comenzó como una inquietud durante su formación académica se convirtió en una iniciativa que busca acercar conocimientos confiables a la comunidad y demostrar que no es necesario esperar a obtener un título profesional para comenzar a generar cambios.
Desde sus primeros años de formación, Juan Sebastián y Cristhian identificaron una realidad que los inquietaba: el desconocimiento sobre la optometría y las dificultades que enfrentan muchas personas para acceder a servicios de salud visual.
Convencidos de que la profesión va mucho más allá de prescribir gafas, encontraron en las redes sociales una oportunidad para educar de manera cercana, dinámica y científicamente fundamentada.
Así comenzaron a crear contenidos audiovisuales, salir a las calles y conversar con las personas sobre el cuidado de sus ojos. Su objetivo era claro: traducir conceptos clínicos a un lenguaje comprensible, sin perder el rigor científico.
Con el acompañamiento académico de su tutora, fueron construyendo una propuesta que también busca servir como herramienta de aprendizaje para estudiantes y de actualización para profesionales de la optometría.
Cuando ayudar se convierte en vocación
Sin embargo, fueron sus experiencias en las prácticas clínicas y el contacto con comunidades vulnerables las que dieron un sentido todavía más profundo a Pupilo.
Conocer historias de personas que no habían recibido atención visual oportuna, así como las dificultades de familias que no podían acceder a servicios especializados, les permitió comprender que detrás de cada necesidad visual existe una historia humana.
Esa sensibilidad comenzó a traducirse en acciones. Durante la entrevista recordaron una jornada en un hogar para adultos mayores, donde lograron entregar ayudas ópticas gracias a sus propios recursos y al apoyo voluntario de un laboratorio.
También compartieron la experiencia de conocer a una niña que, pese a sus dificultades económicas y de salud, mantenía una actitud alegre y una enorme fortaleza.
Estos encuentros reafirmaron una de sus mayores convicciones: ayudar no siempre requiere grandes recursos; en ocasiones, un pequeño gesto puede representar un cambio significativo en la vida de alguien.



Un sueño que busca llegar más lejos
Aunque Pupilo nació como un proyecto académico, sus creadores nunca lo imaginaron limitado a las redes sociales.
Su visión contempla organizar brigadas de salud visual en comunidades con dificultades de acceso, ofrecer jornadas educativas y de tamizaje, y gestionar ayudas ópticas mediante alianzas con profesionales, laboratorios y empresas comprometidas con el bienestar social.
Incluso sueñan con crear una fundación que permita brindar acompañamiento a personas de escasos recursos y extender su labor a diferentes regiones de Colombia.
Para Juan Sebastián y Cristhian, el respaldo de la industria óptica puede convertirse en un aliado fundamental, siempre que las colaboraciones mantengan el propósito social que dio origen al proyecto.
Más allá de crecer digitalmente, su mayor aspiración es que Pupilo inspire a otros estudiantes y profesionales a reconocer el impacto humano que puede tener la optometría.
Cuando imaginan el futuro, ambos coinciden en algo: quieren que Pupilo trascienda y se convierta en una iniciativa capaz de seguir ayudando a las personas con el paso de los años.
En el documento que dio origen al proyecto escribieron una reflexión que resume ese deseo: “Lo que algún día empezó como una idea hoy ya se ve reflejado en una realidad, tenemos claro un inicio, sin embargo no vemos un final, quizás nuestra meta es trascender en el tiempo, dejar una huella”.
Hoy, Juan Sebastián y Cristhian representan a una generación de futuros profesionales que entiende la salud visual desde la ciencia, pero también desde la empatía y la responsabilidad social.
Su historia demuestra que los grandes cambios pueden comenzar con dos estudiantes, una idea y la decisión de ayudar. Porque, al final, la optometría no solo puede cambiar la forma en que vemos el mundo, sino también la manera en que el mundo se abre ante nosotros.


