La violencia de género ha afectado a lo largo de la historia significativamente la salud de las víctimas de manera física y mental provocando alteraciones neurocognitivas que afectan la capacidad de funcionamiento y rendimiento de las actividades diarias de quienes lo padecen (1).
Galeano Chavarro Sayde Andrea
Lara Lara Lara Karen Andrea
Estudiantes X semestre Optometría
Universidad El Bosque
La violencia de pareja es un problema social multifacético con un componente socioeconómico donde se pone en evidencia una crisis de salud pública que genera efectos negativos, se conoce información de que al menos la mitad de las mujeres víctimas de homicidio han interactuado con un profesional de la salud dos años antes de su muerte, es por esto que se han identificado mejores métodos de detección e intervención por parte de los profesionales (2).
En la violencia de pareja los traumas oculares suelen ser una causa significante de pérdida de visión, según estudios, se ha identificado que este tipo de lesiones afectan la anatomía ocular, razón por el cual es indispensable hacer una detección y abordaje multidisciplinario al evaluar las posibles manifestaciones clínicas del traumatismo ocular u orbitario posteriores al evento de agresión (3).
Entre los años del 2008 al 2017 se registraron aproximadamente 26.000 casos de lesiones oculares por violencia de género doméstica, perteneciendo la mayoría de estos a mujeres jóvenes de bajos recursos. Entre las lesiones más frecuentes se halló la contusión ocular, sin embargo, en cuanto a traumatismos de mayor gravedad destacaron las fracturas faciales (4).
Un estudio retrospectivo de mujeres atendidas en un servicio de urgencias en un centro de traumatología de alto nivel entre el año 2015 y febrero de 2019 analizó las lesiones de fracturas del suelo de la órbita y del complejo cigomático maxilar así como ruptura del globo ocular producto de una agresión física con el fin de sensibilizar a la comunidad oftalmológica sobre este tipo de problemática social y así mejorar la atención en salud en las víctimas de violencia de género con el fin de disminuir la tasa de mortalidad producto de estos eventos (2)(5).
En este contexto, el presente artículo tiene como objetivo analizar las características clínicas del trauma ocular asociado a violencia de género, así como resaltar la importancia del rol del optómetra en su detección y manejo.
EPIDEMIOLOGÍA
La violencia de género constituye una de las principales problemáticas de salud pública a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. Este fenómeno tiene un impacto directo sobre la integridad física, siendo la región craneofacial una de las más frecuentemente afectadas. El trauma ocular asociado a violencia de género tiene una predominancia de lesiones cerradas en un 72.3% conformador por contusiones y abrasiones, afectando conjuntiva y córnea.
Un estudio realizado a 54 pacientes consecutivos con fracturas orbitarias determinó que un tercio de los casos se presentó en mujeres y estaban relacionados con violencia de género. Por otro lado, un estudio realizado en Fiyi con 1381 adultos que sufrieron traumatismos oculares reveló que el 28,4% estaban relacionados con violencia de género y un tercio de los casos de fracturas orbitarias se manifestaban en mujeres. En un estudio descriptivo retrospectivo realizado durante un período de 5 años en pacientes que sufrieron traumatismos óculo palpebrales por violencia doméstica se recopilaron los datos de 31 pacientes entre los 34 y 37 años hallando como signo importante la disminución de la agudeza visual en un 100% de las personas analizadas con un mecanismo de golpe en un 71% de los casos, observándose hiperemia conjuntival en un 68,2% y tratamiento quirúrgico para un aproximado de 8 paciente (2).
Entre los traumatismos relacionados con violencia de género se ha indicado que la región maxilofacial se lesiona en más del 80% de los casos, la órbita ósea se lesiona en el 20,2% y el cigomático en el 16,7%, siendo el lado izquierdo el más frecuente, probablemente debido a que la pareja de la víctima es diestra (6).
TRAUMA OCULAR ASOCIADO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO
El trauma ocular es una causa importante de pérdida y discapacidad visual originado por mecanismos contusos sobre el globo ocular y sus estructuras periféricas. En el contexto de violencia de género el trauma ocular se presenta principalmente como consecuencia de agresiones directas en la región facial siendo más frecuente el trauma contuso, ocasionado por golpes con objetos o puños que pueden afectar la conjuntiva, la córnea, la esclerótica, la cámara anterior, el cristalino, el vítreo, la retina, la coroides y el nervio óptico (7).
Los mecanismos más comunes incluyen impactos contusos relacionados con la violencia interpersonal (8). Por otro lado, en menor proporción, se pueden presentar las víctimas de violencia de género pueden presentar también, traumas penetrantes, asociados a objetos cortopunzantes y lesiones químicas, relacionadas con agresiones intencionales por partes del victimario (2).
TIPOS DE LESIONES OCULARES RELACIONADAS CON LA VIOLENCIA DE GÉNERO
Las lesiones oculares relacionadas con la violencia de pareja afectan a casi todas las regiones anatómicas del ojo, siendo la catarata traumática, la luxación del cristalino, la avulsión del nervio óptico y el desprendimiento de retina, las lesiones que amenazan preocupantemente la visión. Por otro lado, es posible que también una víctima de violencia de género curse también con una hemorragia intraocular, fracturas orbitarias y del complejo cigomático-maxilar (ZMC), además de lesiones oculares abiertas, contusiones peri orbitarias y las abrasiones corneales (6).
Las estructuras oculares comprometidas durante una agresión en segmento anterior son párpados provocando edema, equimosis y laceraciones mientras que en conjuntiva el desgarro conjuntival y la hemorragia subconjuntival se manifiestan como un signo de importancia clínica, en cuanto a las lesiones esclerales causadas por traumatismos contusos pueden incluir desgarros parciales o totales, con o sin prolapso vítreo, en córnea es común encontrar, abrasiones erosiones, cuerpos extraños retenidos e hifema en cámara anterior como consecuencia de una fuerza excesiva en la raíz del iris o el cuerpo ciliar. Un traumatismo contuso puede causar daño directo al cristalino y romper la cápsula, permitiendo que el humor acuoso penetre en las fibras del cristalino, que se hinchan y se opacifican, dando lugar a una catarata traumática (6).
En el caso del segmento la avulsión del nervio óptico producto de un traumatismo penetrante que desplaza el nervio óptico posterior el edema macular y desprendimiento de retina hacen parte de los eventos patológicos más hallados durante la valoración de la víctima. La severidad del compromiso dependerá de la intensidad del trauma y de la recurrencia de los episodios de violencia (6).
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Las manifestaciones clínicas del trauma ocular incluyen síntomas como dolor, disminución de la agudeza visual significativa cuando el eje pupilar está involucrado. El edema corneal puede seguir a una lesión endotelial o una abrasión epitelial extensa y a menudo se acompaña de edema estromal y pliegues de la membrana de Descemet, fotofobia debido a la mala adhesión epitelial a la membrana de Bowman y lagrimeo, diplopía y astigmatismo producto de alteraciones en el cristalino, aumento de la presión intraocular como consecuencia de luxaciones de cristalino o traumas de la raíz irididiana que provocan un bloqueo en el paso del humor acuoso, pérdida repentina de la visión, defecto pupilar aferente relativo (DPAR) y déficits en la visión del color producto de alteraciones en el nervio óptico, hemorragia vítrea, desprendimiento del vítreo, de retina, edema macular, degeneración pigmentaria, agujeros maculares, quistes y cicatrices. Estos signos pueden variar en intensidad y, en algunos casos, presentarse de forma leve inicialmente, lo que puede retrasar el diagnóstico y favorecer la aparición de complicaciones (8).
ABORDAJE CLÍNICO
El optómetra desempeña un papel clave en la detección y manejo inicial del trauma ocular, la identificación de signos de alarma y la remisión oportuna a otros servicios de salud, contribuyen a un abordaje interdisciplinario del paciente que genera un gran impacto en su rehabilitación es por eso, que la intervención incluye que el profesional en salud visual deba evaluar de forma integral la agudeza visual, documentar los defectos pupilares, evaluar la presión intraocular mediante tonometría sin contacto esencial para detectar el glaucoma secundario causado por colapso de la malla trabecular, cierre angular o la hipotonía como consecuencia del desprendimiento del cuerpo ciliar, evitando cualquier manipulación que pueda agravar la lesión intrínseca del globo ocular (6) (8).
EXÁMENES DE APOYO DIAGNÓSTICO
La radiografía simple de cráneo y órbita ayuda a localizar cuerpos extraños intraoculares, La ecografía B es esencial para identificar CEIO retinianos y descartar desprendimiento de retina, rotura del globo ocular, hemorragia vítrea, desprendimiento coroideo o hemorragia supracoroidea, La tomografía computarizada (TC) confirma el diagnóstico, evalúa la deformidad del globo ocular, el hematoma retrobulbar, la rotura escleral, la hemorragia vítrea y las lesiones maxilofaciales asociadas, el electrorretinograma (ERG), la electrooculografía (EOG) y los potenciales evocados visuales (PEV) pueden ayudar a evaluar la integridad del nervio óptico y la retina. Estas pruebas proporcionan una evaluación objetiva de la función retiniana y del nervio óptico, detectando disfunciones que no son evidentes en el examen clinico (8).
CONCLUSIONES
La identificación de signos de sospecha es fundamental en la práctica clínica. La presencia de lesiones oculares recurrentes, incongruencias en el relato del paciente en más de una versión, evidencia de disminución de socialización y el retraso en la consulta además de signos evidentes que puedan correlacionarse con posibles patrones de agresión física verbal y emocional deben alertar al profesional de la salud visual sobre una posible situación de violencia. El manejo del trauma ocular en víctimas de violencia de género debe ser integral y centrado en el paciente, además del tratamiento clínico de la lesión, es fundamental garantizar un enfoque interdisciplinario que incluya apoyo psicológico, de la mano con el seguimiento médico y la activación de rutas de atención que protejan la integridad del paciente permitiendo una intervención oportuna y adecuada para la rehabilitación.
Agradecimientos: A la Dra. Diana V. Rey por la corrección de estilo y motivación por escribir.
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