Programa para entrenar ayudas no ópticas en pacientes con baja visión

Por. MSc., Héctor Leonel González Hurtarte / Ciudad de Guatemala

El profesional encargado del tratamiento de pacientes con baja visión, al finalizar el proceso de adaptación de ayudas ópticas como lentes oftálmicas, lupas, dispositivos electrónicos y filtros de absorción selectiva, debe capacitar al paciente en el uso adecuado de estos recursos durante sus actividades cotidianas. Este proceso puede presentar dificultades, dado que el paciente inicialmente carece de las habilidades necesarias para emplear dichas ayudas, lo cual podría afectar negativamente la eficacia de la intervención terapéutica indicada. 

Si el paciente no encuentra utilidad en la ayuda, puede dejar de usarla o sentirse frustrado por no mejorar su calidad de vida. Por eso, la Terapia de Rehabilitación Visual (TRV) es fundamental para lograr adaptación al entorno, y el paciente debe estar informado sobre cómo ajustarse y satisfacer sus necesidades. En mi experiencia como optometrista, conversar con el paciente ha sido clave para identificar y abordar sus necesidades principales, por lo que les presento cuatro puntos clave:

  • La autonomía mejora la autoestima y facilita la integración en el entorno familiar, laboral y escolar.
  • La valorización del resto visual permite que el paciente se concentre y atienda en dónde está su mejor punto focal tanto en visión lejana como próxima, adaptando su estilo de vida.
  • La eficacia de la ayuda óptica se refleja en la utilidad que el paciente le da.
  • El desempeño con ayudas no ópticas beneficia diversas actividades.

Valoración funcional En los pacientes con baja visión es un aspecto muy importante para entender cómo interactúa en el mundo real fuera del entorno clínico. Es vital identificar y cuantificar su residual visual, lo que ayuda a establecer metas a corto y mediano plazo. Este proceso incluye evaluar agudeza visual (central y periférica), iluminación, propiocepción y externocepción, considerando también la ergonomía, edad, movilidad, desplazamiento, enfermedades sistémicas asociadas, ocupación y actividades de tiempo libre.

Diseño de un programa

El programa debe incluir una evaluación de las tareas que realiza el paciente, así como de sus habilidades en visión lejana, considerando factores como desplazamiento, seguridad y movilidad. Además, se analizará la visión próxima del paciente, lo cual permitirá valorar no solo su desempeño en actividades de aprendizaje o laborales, sino también su capacidad para ser autónomo en acciones cotidianas como la alimentación, el aseo personal y la administración de medicamentos si fuera necesario.

Según mi propia experiencia en el campo, una de las actividades fundamentales a considerar es la lectoescritura, elemento esencial para el desarrollo del acervo cultural. La lectura de textos como la Sagrada Escritura puede brindar apoyo emocional, al igual que los libros sobre pensamiento positivo. Por ello, es importante facilitar este hábito mediante la mejor asistencia óptica disponible. Asimismo, otras actividades que requieren visión focalizada, como la costura, la pintura o incluso ver televisión, resultan relevantes por las distancias de enfoque similares y porque ofrecen oportunidades para ampliar el conocimiento y la perspectiva personal.

En el ámbito del entrenamiento en lectura se deben considerar los siguientes aspectos:

  • Localización: búsqueda del inicio y final del texto.
  • Barrido visual: poder leer linealmente de derecha a izquierda.
  • Entrenamiento de la visión excéntrica.
  • Utilización correcta de la ayuda óptica.
  • Búsqueda de la distancia focal.
  • Exactitud en el punto de fijación con el ojo dominante.
  • Mantener y sostener la vista en el punto focal deseado.
  • Exploración de todo el texto y su relación con lo que quiere darnos a entender.
  • Memoria secuencial y memoria de trabajo.

Terapéutica TRV

Para seleccionar las ayudas de TRV adecuadas para pacientes con baja visión, es fundamental considerar tanto las situaciones de visión lejana como las de visión próxima. Sin embargo, estas condiciones difieren respecto a las de una persona con visión normal; por ejemplo, la visión lejana en estos pacientes puede limitarse a tres metros y la visión próxima a veinte centímetros. La lectura con ayudas visuales requiere usar distancias muy próximas y emplear la mano dominante para sostener la lupa o dispositivo electrónico, lo que modifica la ergonomía del paciente. Se recomienda hacer ejercicios de calistenia en cuello y muñeca, y usar un atril para mejorar la postura al leer libros o revistas.

La iluminación intensa puede causar deslumbramiento y calor, por lo que es necesario ajustar el nivel de luz para mejorar la visibilidad sin efectos negativos. Se recomienda usar cuadernillos con buen contraste, papel de color o tiposcopios horizontales de distintos tamaños para facilitar el movimiento sacádico durante la lectura.

Diversas patologías oculares pueden dificultar la lectura; según las áreas de pérdida de visión (centrales, periféricas o por cuadrantes), se recomienda el uso de lentes prismáticos o espejos. Los filtros mejoran la comodidad y protección visual en personas con baja visión, por lo que deben seleccionarse considerando la percepción cromática y la agudeza visual morfoscópica. Es importante evaluar la transición entre lentes para interiores y exteriores, facilitando así un desplazamiento seguro ante obstáculos como sillas, bordillos y permitiendo al paciente conocer sus límites espaciales.

En resumen, la selección adecuada de ayudas de Terapia de Rehabilitación Visual (TRV) para personas con baja visión requiere una evaluación integral de sus necesidades tanto en visión lejana como próxima, considerando las limitaciones ergonómicas y los ajustes ambientales necesarios para optimizar la lectura y la movilidad. La adaptación de herramientas como lupas, filtros y tiposcopios, junto con la implementación de ejercicios y una iluminación adecuada, contribuye significativamente a mejorar la autonomía y calidad de vida del paciente, siempre tomando en cuenta las particularidades de cada patología ocular y el entorno cotidiano del paciente.

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