Augen: La importancia de la relación entre la óptica, el laboratorio y las lentes

Para lograr una adaptación efectiva en nuestros pacientes, intervienen tres actores clave: las lentes, el laboratorio y, por supuesto, el optometrista. Este último mantiene una relación directa tanto con el laboratorio como con el paciente, y cada uno de los actores tiene responsabilidades específicas que contribuyen al éxito del proceso.

En el caso de las lentes, es fundamental que presenten potencias exactas, estén fabricadas con resinas de alta calidad y cuenten con una elaboración precisa. Por parte del laboratorio, influyen los materiales que utiliza, las máquinas con las que talla las lentes, sus procesos internos y los tiempos de entrega. El optometrista, a nuestro juicio el actor más relevante, desempeña un papel crucial dentro del gabinete, ya que es quien evalúa directamente las necesidades del paciente y selecciona las lentes más adecuadas para cada caso.

La relación entre laboratorios y optometristas ofrece dos áreas claras de oportunidad que como gremio deberíamos mejorar. Primero, existe una brecha de entendimiento debido al desconocimiento mutuo sobre los procesos y limitaciones de cada parte. Segundo, persiste la tendencia a buscar una única lente que resuelva todas las necesidades del paciente, lo cual suele ser ineficiente.

Este último punto merece una reflexión más profunda. El estilo de vida actual ha cambiado radicalmente: ya no es suficiente pensar en el clásico paciente mayor que usaba bifocales solo unas horas al día para leer o realizar tareas domésticas. Hoy, tanto niños como adultos mayores realizan múltiples actividades que requieren soluciones visuales más específicas, las cuales la tecnología actual permite ofrecer.

Un ejemplo claro: un adulto de 45 años que trabaja ocho horas frente a una computadora, va al gimnasio entre semana, viaja por carretera tres veces al mes y juega golf los fines de semana. Pretender que un solo lente progresivo con antirreflejo, protección para luz azul y fotocromático cubra todas sus necesidades es ineficaz. Este paciente debería contar, al menos, con un lente ocupacional para la oficina y otro progresivo para el resto de sus actividades. Lo ideal sería incluso complementar con un lente fotocromático para exteriores, otro con diseño específico para conducción y filtros adecuados según cada situación.

¿Por qué, si ya entendemos la necesidad de usar calzado o ropa especializada para distintas actividades, no hemos logrado transmitir con la misma claridad la importancia de utilizar lentes específicos para cada una de ellas?

Por esta razón, identificamos varios puntos clave que deben considerarse para fortalecer la comunicación entre el optometrista y el laboratorio:

El material sí importa

Es común que el optometrista se sienta cómodo recomendando únicamente dos materiales o que el laboratorio opte por comprar el más económico (como 1.56 o policarbonato en sus diferentes variantes). Esto es un error. No todos los materiales cubren todas las necesidades. Retomando el ejemplo anterior, deberíamos preguntarnos: ¿Qué potencia tiene el paciente?, ¿requiere un índice más alto?, ¿presenta alguna sensibilidad a los reflejos que influya en el tipo de antirreflejo? y ¿qué actividades realiza que podrían requerir filtros específicos para exteriores? Si el material utilizado no es de buena calidad, la efectividad del examen refractivo se verá comprometida.

El tallado Free Form y la asfericidad sí hacen la diferencia

Los tallados convencionales han sido útiles históricamente para resolver problemas refractivos, pero la tecnología actual nos ofrece herramientas mucho más precisas. Potencias exactas, diseños progresivos optimizados mediante software de cálculo y curvas ópticas eficientes pueden potenciar los resultados del examen refractivo. No se trata solo de marketing: asferizar una lente ofrece beneficios ópticos y facilita la adaptación del paciente. Esto puede marcar la diferencia entre una óptica cualquiera y una que realmente entregue lentes con los que el paciente diga: “con estos lentes sí veo bien”.

Los lentes terminados no siempre son la mejor opción

Aunque los lentes terminados permiten una entrega rápida, la calidad óptica puede verse comprometida, ya que el centro óptico de la lente no siempre se ajusta a las diferentes distancias pupilares. Esto es especialmente crítico con los armazones amplios que predominan hoy en día. En muchos casos será necesario recurrir a la famosa frase: “hay que abrir distancias”. Un buen laboratorio con tecnología Free Form puede ofrecer lentes personalizadas sin sacrificar potencia ni diseño, evitando así soluciones forzadas o el uso de stock limitado. Además, se suman los beneficios ópticos de la asfericidad.

No todos los armazones son compatibles con todas las potencias

Más allá de lo evidente (una potencia muy alta no debe colocarse en un armazón demasiado amplio), también influyen los ángulos pantoscópicos y panorámicos para lograr una buena óptica. Por ejemplo, si se necesita una base muy plana para una potencia negativa y se elige un armazón muy curvo, el resultado será poco estético y ópticamente deficiente. En estos casos, aumentar el índice de refracción del material no resuelve el problema: es necesario cambiar el armazón. Por eso, tanto el laboratorio como el optometrista deben comprender cómo interactúan las curvas, los armazones y las potencias.

Estas son solo algunas de las variables que debemos considerar para mejorar la comunicación entre laboratorios y ópticas. Ya sea mediante capacitaciones, visitas o simplemente preguntando, qué laboratorio ofrece el mejor servicio para cada óptica, lo importante es construir una relación más estrecha y colaborativa.

En Augen, creemos firmemente que todas las personas tienen derecho a ver bien, y esa es una responsabilidad compartida entre optometrista y laboratorio.

Acércate a nosotros si consideras que existen otros puntos relevantes que debemos incluir en esta conversación.

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