Trauma ocular en accidente automovilístico

Trauma ocular en accidente automovilístico

Cañas Martínez Daniela

Casadiego Bonilla Sandra Shirley

Monroy Ibañez Ivan Santiago

X Semestre

Universidad el Bosque

La pérdida de la visión puede verse relacionada con diversos procesos traumáticos, inflamatorios o vasculares producto de conmociones que llevan a que la evaluación clínica pueda verse limitada por factores, como la afectación periorbitaria, las lesiones de la cámara anterior o un traumatismo facial extenso (1).

La pérdida de la visión puede verse relacionada con diversos procesos traumáticos, inflamatorios o vasculares producto de conmociones que llevan a que la evaluación clínica pueda verse limitada por factores, como la afectación periorbitaria, las lesiones de la cámara anterior o un traumatismo facial extenso (1). El trauma ocular, constituye una de las causas más grandes de morbilidad visual con posibilidad de ser prevenible en el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) Reportó una incidencia anual de 55 millones, un estimado de 1,6 millones de casos de ceguera a nivel mundial y 19 millones de ceguera o baja visión al año (2). Un estudio realizado en el año 2024 a 477 pacientes en la India determinó que las causas de traumatismo ocular unilateral en el 33% de los casos fueron productos de accidentes de tránsito incluidos los producidos por accidentes automovilísticos (3). Lo que muestra un contraste en comparación con un estudio prospectivo realizado en España entre 1989 y 1991 por el Grupo Español Multicéntrico de Traumatismos Oculares (GEMTO) que determinó que los accidentes de tráfico solamente representaban el 15% del total de traumatismos oculares, pero el resultado de estos contribuía a la aparición de traumas penetrantes, revistiendo mayor gravedad (4). En Norte América las afectaciones oculares ocupan el segundo lugar según el registro de trauma ocular de Estados Unidos (USEIR) y se considera, que 500.000 pacientes al año presentan pérdida ocular severa en este país (5). Así mismo, en el año 2022 se indicó una prevalencia donde en el 73 % de los accidentes ocurridos el conductor no usaba protección ocular, como consecuencia se evidenció un riesgo elevado de lesiones directas (6).

La causa más frecuente de lesiones por traumatismo cerrado en accidentes automovilísticos está relacionada con los fragmentos de vidrio que se inducen debido a un gran impacto, donde la colisión de estos con el ojo, provocan cicatrices, lesiones de globo abierto, fracturas del canal del nervio óptico, y fracturas por estallido (4,7). En Colombia, la siniestralidad vial continúa representando un problema prioritario de salud pública, no solo por su mortalidad, sino por las secuelas funcionales que afectan la calidad de vida de los sobrevivientes. Según el análisis dinámico de víctimas fatales y lesionados en Colombia, se determinó para el 2024 que de 10.575 nacionales accidentados, 7.389 correspondían a usuarios entre 19 y 26 años siendo el género masculino más afectado con una totalidad de 6.725 lesionados, las personas accidentadas eran usuarias de vehículo automotor y el compromiso ocular traumático indicó una condición frecuentemente hallada en la atención inicial del paciente lesionado.

Conforme a lo anterior, este artículo busca describir las características clínicas del compromiso ocular traumático como resultado de un accidente automovilístico (8).

Epidemiología del trauma ocular asociado a accidentes automovilísticos

Las lesiones traumáticas debido a accidentes automovilísticos (ATV) son frecuentes y la principal causa de muerte entre niños y adultos jóvenes de 5 a 29 años. Alrededor de 1,35 millones de personas mueren cada año debido a ATV asociando las lesiones en la cabeza y la cara comúnmente con altas tasas de lesiones oculares y la morbilidad resultante (9).

Un estudio realizado en la India en el año 2024 buscó determinar la epidemiología del traumatismo ocular en 477 pacientes por un periodo de 6 meses y encontraron que el trauma ocular producto de accidentes automovilísticos con mayor prevalencia entre los de 21 a 30 años en dicho estudio se encontró que el 49% de los casos afectó al ojo derecho, el 50% al ojo izquierdo y el 1% a ambos ojos, el mecanismo de lesión del estudio mostró que el 33% de los casos fueron causados por accidentes de tránsito, aproximadamente el 88% del total de lesiones fueron trauma cerrado, mientras que el 12% fueron de globo abierto según la clasificación Birmingham Eye Trauma Terminology System (BETTS), el 14% del total de lesiones fueron laceraciones palpebrales, seguidas de equimosis (12%) y edema periorbitario (8%). Dos casos de 477 mostraron cuerpo extraño intraocular, ocho casos mostraron edema de Berlín. Aproximadamente el 6% del total de casos resultaron en perforación corneal, el 5% correspondió a desgarro canalicular, el 3% de los casos terminó en ruptura del globo ocular y el 3% casos presentó perforación escleral (8).

Trauma ocular

Causa importante de pérdida y discapacidad visual originado por mecanismos contusos o penetrantes sobre el globo ocular y sus estructuras periféricas, que ocasiona daño de diverso grado de afectación con compromiso de la función visual, temporal o permanente (4).

Clasificación del trauma ocular

En el año 2017 los autores del artículo “Systematic analysis of ocular trauma by a new proposed ocular trauma classification” proponen una nueva clasificación del trauma ocular con el fin de permitir una identificación más amplia de las lesiones oculares, hecho que llevó a determinar que durante un evento traumático puede presentarse: Contusión (Lesión en los tejidos blandos del cuerpo, causadas por un golpe directo en la zona o trauma contuso, sin herida de la pared ocular producto de  exposición a energía directa/onda de choque por el objeto). Laceración lamelar (Herida penetrante que altera parcialmente el espesor de la pared ocular). Ruptura (herida de espesor causada por un gran objeto contundente). Penetración (Presencia de herida de entrada, sin que la causa de la herida esté presente) Perforación (Dos heridas distintas causadas por el mismo agente. No hay presencia de cuerpo extraño intraocular (CEIO) (4,10,11).

Traumática y Enucleación traumática

Fisiopatología y mecanismo de lesiones oculares en accidentes automovilísticos

El trauma ocular en accidentes automovilísticos se produce como consecuencia de la transferencia súbita de energía cinética esto debido a que durante el evento traumático se generan fuerzas de aceleración y desaceleración bruscas que provocan compresión anteroposterior del globo ocular y expansión ecuatorial transitoria, incrementando de manera abrupta la presión intraocular lo que ocasiona lesiones tanto en el segmento anterior como posterior, incluso en ausencia de impacto directo. Adicionalmente, el contacto con estructuras internas del vehículo o la activación del airbag puede generar trauma contuso o penetrante (9), esto último producto o no, de la proyección de fragmentos que pueden llevar a la rotura del globo ocular ante una alteración importante de la córnea, la esclerótica o ambas estructuras. Al enfrentarse el ojo a una fuerza contundente, la presión intraocular puede aumentar lo suficiente como para romper la esclerótica. Luego de una ruptura la sangre puede acumularse detrás del ojo, lo que genera un aumento de la presión intraocular, provocando un estiramiento del nervio óptico que puede ser fatal en la proyección visual (12,13).   

Manifestaciones clínicas oculares

Las presentaciones del traumatismo ocular secundario a accidentes automovilísticos pueden variar según la estructura que se encuentre comprometida y la magnitud del impacto.  A nivel del segmento anterior predominan signos como hifema, hiperemia conjuntival, ciliar o mixta, alteraciones pupilares (DPA) que van de la mano de una prominente disminución o pérdida total de la agudeza visual, fotofobia, diplopía, dolor ocular y alteraciones en el campo visual. A nivel del segmento posterior pueden encontrarse alteraciones en el vítreo, desprendimiento de retina y edemas vinculados a la aparición de fotopsias y miodesopsias (8).

Lesiones oculares en segmento anterior

Conjuntiva: Hemorragia subconjuntival, cuerpo extraño de la conjuntiva, desgarro conjuntival. Córnea: El Daño epitelial puede manifestarse en abrasiones, erosiones epiteliales puntiformes, y cuerpos extraños evidenciables en una tinción positiva debido a una ruptura del epitelio, de igual manera se puede evidenciar alteraciones endoteliales, edema estromal y pliegues de la membrana de Descemet, cicatriz corneal, infiltrado o úlceras corneales (12).

Esclera:  Se pueden presentar desgarros de espesor parcial o total, con o sin prolapso vítreo. La esclerótica es más delgada en el ecuador; por lo tanto, las lesiones ecuatoriales posteriores ocultas son comunes lo que puede enmascarar desgarros, o cuerpos extraños

Iris y Cuerpo ciliar: A consecuencia de un traumatismo contundente en la raíz del iris o el cuerpo ciliar la sangre se deposita en el fondo de la cámara (hifema), lo que provoca un aumento de la PIO y manifestarse como neuropatía óptica, se puede manifestar iridodiálisis, desgarros en el tejido del estroma del iris, midriasis traumática debido a espasmos del músculo del esfínter, miosis traumática debido a la irritación de los músculos ciliares.

Cristalino: La subluxación puede ser consecuencia de la diálisis zonular o de una lesión de los ligamentos suspensorios lo que lleva al cristalino a inclinarse hacia la zona de las zónulas intactas, puede manifestarse facodonesis con el parpadeo y los movimientos oculares. Si la subluxación es grave, puede producir diplopía (12).

Lesiones oculares segmento posterior

 

Nervio óptico: Cuando un objeto extraño impacta entre el globo ocular y la pared orbitaria puede presentarse la avulsión del nervio óptico lo que provoca pérdida repentina de la visión y un trastorno de la visión del color (neuropatía óptica traumática).

Vítreo: Ante un traumatismo contundente es posible observar células pigmentarias flotando en el vítreo, puede presentarse hemorragia vítrea, y se asociada con un desprendimiento de vítreo posterior o licuefacción de este.

Coroides: Generalmente temporal al disco óptico puede producirse rotura y hemorragia coroidea en caso de traumatismo cerrado.

Retina: Suele presentarse una mancha en forma de cereza en la fóvea y produce una palidez en el polo posterior conocida como edema de Berlín, en ojos predispuestos a desgarros de retina como miopía o degeneración senil después de un traumatismo cerrado puede encontrase desprendimiento de retina y puede conllevar una tracción vítreorretiniana acompañada de hemorragia retiniana en forma de llama o de barco en casos de traumatismo cerrado.

Macula: Edema macular, agujero macular, quiste macular y cicatriz macular debido a una lesión por conmoción cerebral después de un traumatismo cerrado (12).

Factores de riesgo

Las lesiones traumáticas por accidentes automovilísticos presentan factores de riesgo específicos para lesiones oculares, incluida la exposición a vidrios rotos y otros cuerpos extraños, cambios rápidos de velocidad, falta de sujeción del pasajero, como cinturones de seguridad, y despliegue de bolsas de aire. Una evaluación de las características de las lesiones de globo ocular abierto después de accidentes de tránsito mostró que solo el 20% tuvo lesiones oculares penetrantes y de ese total de las personas accidentadas solo el 40% de los pacientes informaron usar un cinturón de seguridad. Una revisión del impacto de los sistemas de sujeción de ocupantes de vehículos en lesiones oculares mostró que las bolsas de aire podrían provocar abrasiones corneales, quemaduras alcalinas y compresión del globo ocular (9).

Abordaje inicial en la consulta de Optometría  

Debe medirse inicialmente la agudeza visual (AV) en cada ojo individualmente, observarse los reflejos pupilares, la presión intraocular (PIO) mediante tonometría sin contacto para detectar el glaucoma secundario a colapso de la malla trabecular, el cierre angular o la hipotonía pueden ser consecuencia del desprendimiento del cuerpo ciliar. La gonioscopia ayuda a identificar cuerpos extraños, sangre en ángulo de Schlemm, dispersión de pigmento y recesión angular, deberá realizarse bajo anestesia tópica cuando la inflamación y el dolor lo permitan. La tinción con fluoresceína permite localizar defectos epiteliales, abrasiones y erosiones, y facilita la prueba de Seidel para detectar fugas de humor acuoso. La motilidad extraocular puede verse reducida debido al atrapamiento de los músculos extraoculares, deformidad intrínseca del globo ocular o hematoma retrobulbar.

Exámenes de apoyo diagnóstico

La radiografía simple de cráneo y órbita ayuda a localizar cuerpos extraños intraoculares (CEIO),  la ecografía B es esencial para identificar CEIO retinianos y descartar desprendimiento de retina, rotura del globo ocular, hemorragia vítrea, desprendimiento coroideo o hemorragia supracoroidea. La tomografía computarizada (TC) confirma el diagnóstico, evalúa la deformidad del globo ocular, el hematoma retrobulbar, la rotura escleral, la hemorragia vítrea y las lesiones maxilofaciales asociadas. La resonancia magnética (RM) proporciona una evaluación superior de la rotura posterior oculta y el traumatismo de los tejidos blandos, pero está contraindicada en presencia de cuerpos extraños metálicos. La tomografía de coherencia óptica (OCT) evalúa la morfología macular, detectando agujeros maculares, edema, cicatrices y rotura de la unión del segmento interno y externo. El electrorretinograma (ERG), la electrooculografía (EOG) y los potenciales evocados visuales (PEV) pueden ayudar a evaluar la integridad del nervio óptico y la retina. Estas pruebas proporcionan una evaluación objetiva de la función retiniana y del nervio óptico, detectando disfunciones que no son evidentes en el examen clínico.

Pronóstico visual

Tras un traumatismo ocular la extensión de la lesión inicial y el mecanismo del traumatismo suelen predecir el pronóstico. Los resultados visuales varían desde la recuperación completa hasta la ceguera permanente, lo que subraya la importancia del reconocimiento, el seguimiento estructurado y el tratamiento oportuno basado en la evidencia.

La gravedad de la lesión post trauma, puede producir ceguera monocular en aproximadamente 1 de cada 4 pacientes. En la población pediátrica, la agudeza visual suele ser mejor tras un traumatismo ocular cerrado que tras una lesión penetrante, aunque las tasas de glaucoma pueden ser más elevadas y la rotura del globo ocular, generalmente causada por un impacto de alta velocidad, conlleva el peor pronóstico visual. Otros eventos asociados con malos pronósticos están los RAPD, ausencia de reflejo rojo retiniano, agudeza visual inferior 20/200 y laceración del párpado y son más probables en presencia de hifema, desprendimiento de retina o hemorragia vítrea.

Cuadro agudo (Evolución entre 1-7 días): Abrasiones corneales, hifema de grado I a II

Cuadro Subagudos (Evolución en 1-6 semanas): Manchas de sangre en la córnea secundarias a hifema, hifema de grado III a IV conlleva un mayor riesgo de resangrado, tinción corneal, glaucoma traumático, midriasis traumática transitoria, desgarros retinianos.

Cuadro Crónico > 6 semanas- meses / años: Recesión del iris y del ángulo depende de su extensión. La recesión leve (<180°) se resuelve sin secuelas, mientras que la recesión extensa (>180°) conlleva un riesgo del 5% al 20% de glaucoma de ángulo cerrado puede requerir seguimiento de por vida, las cataratas pueden progresar lentamente, la subluxación del cristalino depende de la integridad zonular, la conmoción retiniana afecta la periferia generalmente mientras que la afectación macular conlleva el riesgo de pérdida permanente de la visión central. La identificación y reparación tempranas de desgarros o desprendimientos de retina logran el éxito anatómico en más del 90 % de los casos, mientras que el diagnóstico tardío empeora los resultados. La neuropatía óptica traumática (NOT) tiene un pronóstico reservado, con recuperación visual en menos del 30 % de los casos (12).

Conclusiones y recomendaciones

El trauma ocular asociado a accidentes automovilísticos representa un problema importante de salud visual, ya que no solo afecta la integridad de las estructuras oculares, sino que también compromete de manera significativa la calidad de vida de los pacientes. Este tipo de trauma es frecuente en población joven, especialmente en contextos donde no se implementan medidas de protección adecuadas.

Además, el trauma ocular no es solo una lesión aislada, sino que involucra múltiples estructuras tanto del segmento anterior como del segmento posterior, lo que hace que su abordaje sea complejo y requiera una valoración clínica completa y oportuna. La fisiopatología demuestra cómo las fuerzas generadas en un accidente pueden desencadenar daños severos incluso sin un impacto directo, lo cual resalta la importancia de una evaluación detallada en todos los casos.

También es importante destacar que el diagnóstico temprano y el manejo adecuado influyen directamente en el pronóstico visual, ya que una intervención oportuna puede prevenir complicaciones graves como la ceguera permanente. En este sentido, el papel del optómetra es fundamental tanto en la detección inicial como en el seguimiento del paciente.

Agradecimientos: A la Dra. Diana V. Rey por la corrección de estilo y motivación por escribir.

Referencias

  1. Maciá Fernández M, Santabrígida Oreja G, Vargas Alvarado L, Sánchez Bernal S, Valentín Martín A, Encinas de la Iglesia J. Ophthalmological emergencies. Radiologia [Internet]. 2025 Sep 15;67:2–14. Available from: www.elsevier.es/rx
  2. Paredes Rivero J, Díaz Cabrera AC, Rojas Segovia CI. Accidente de tráfico con trauma ocular con globo abierto y degeneración marginal de terrien. Oftalmología Clínica y Experimental. 2024 Dec 19;17(4):608–15. doi:10.70313/2718.7446.v17.n04.374
  3. Kundan S, Sharma A, Sahu PK, Das GK, Jatab AS, Aamir PA. Epidemiology of ocular trauma. Latin American Journal of Ophthalmology. 2024 Dec 31;7(17):1–5. doi:10.25259/lajo_16_2024
  4. Quiroga Parra LA. Diagnósticos en pacientes que asisten por urgencia a la consulta de optometría de la universidad el bosque. [Bogotá D.C]: Universidad El Bosque; 2020.
  5. Zawadski AC, Mejía Turizo JC, Gutiérrez Sinisterra L. Registro de trauma ocular Colombiano (ReTOC). Primer reporte. Revista Sociedad Colombiana de Oftalmología [Internet]. 2019;52(2):79–86. Available from: https://t.ly/Evzrj
  6. Kim EJ, Ganga A, Kang C, Elnemer W, Lee JY, Ronquillo YC, et al. Motorcycle associated ocular injuries: A narrative review. Clinical Ophthalmology. 2022 Oct 18;16:3457–79. doi:10.2147/OPTH.S387034
  7. Ono T, Iwasaki T, Mori Y, Nejima R, Miyai T, Aihara M, et al. Pattern of ocular injuries following road traffic accidents seen at a tertiary eye hospital. Cureus. 2024 Apr 27;16(4):1–8. doi:10.7759/cureus.59126
  8. Agencia Nacional de Seguridad Vial. GOV.CO [Internet]. 2026 [cited 2026 May 8]. p. 1–4. Análisis dinámico de víctimas fatales y lesionados en niños, niñas y adolescentes en Colombia. Available from: https://ansv.gov.co/es/observatorio/estad%C3%ADsticas/analisis-dinamico-de-victimas-fatales-y-lesionados-en-ninos-ninas-y
  9. Brody J, Ben Ishai M, Serov Volach I, Mano Tamir K, Gaton DD, Avisar I. Ocular injuries associated with motor vehicle accidents: long term effects on quality of life. Int Ophthalmol. 2024 Mar 14;44(1):1–6. doi:10.1007/s10792-024-03083-z PubMed PMID: 38485871.
  10. Shukla B, Agrawal R, Shukla D, Seen S. Systematic analysis of ocular trauma by a new proposed ocular trauma classification. Indian J Ophthalmol. 2017 Aug 1;65(8):719–22. doi:10.4103/ijo.IJO_241_17 PubMed PMID: 28820158.
  11. Cáceres Arias SP. Trauma ocular pediátrico: revisión sistemática. Revista de Ciencias de la Salud. 2019 Mar 25;3(3):28–35.
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  13. Micheletti JM, Lockwood JC, Rali A, Khalifa YM. Motor Vehicle-Associated Traumatic Ocular Injuries Secondary to External Rear-Facing Sideview Mirrors. JAMA Ophthalmol. 2019 Sep 1;137(9):1067–71. doi:10.1001/jamaophthalmol.2019.251

 

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